Estrategias nutricionales y alimenticias para modificar los sólidos totales de la leche

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Autor/es: Hector Manterola

Introducción

La tendencia mundial en la actualidad es producir una leche más concentrada, especialmente en la fracción proteica y minerales, y menos en la fracción lipídica. Los hábitos alimenticios de la población en la mayoría de los países desarrollados han cambiado y privilegian el consumo de leches con menor o nulo contenido de grasas o con un porcentaje alto de ácidos grasos poliinsaturados dentro de esa fracción.

Chile no escapa a esta tendencia y ya a nivel de los supermercados las personas tienden a privilegiar la compra de leche con menos grasa. Por otra parte, las empresas captadoras de leche están dando señales en las pautas de pago otorgando incentivos especialmente a proteínas así como también a grasa.

Desde el punto de vista técnico, el desafío es grande ya que se confrontan dos grandes enfoques: o producir más volumen de leche con razas de alta producción en sistemas confinados con leche de menor concentración de sólidos o producir menos volumen de leche, con concentraciones de sólidos más alta, en sistemas pastoriles, en los cuales se privilegia la producción por hectárea.

Se debe diferenciar la concentración de sólidos totales con la producción de éstos. Al incrementarse el volumen de leche por animal, se produce una disminución de la concentración de sólidos totales por efecto de dilución, sin embargo, la producción total de estos sólidos es mayor. En los sistemas confinados, la concentración de grasa tiende a ser más fácilmente modificable mediant e manejos alimenticios debido a que la relación concentrado/forraje es modificada según las circunstancias, no así la proteína que no varía significativamente en respuesta a manejos alimenticios o nutricionales. En los sistemas pastoriles, si bien el tenor graso y proteico de la leche es más alto, es más difícil modificarlo, ya que no existe un control de la dieta como en el caso anterior.

En términos generales, la concentración así como la composición de grasa en leche es más fácil de modificar que la de proteína, ya que la primera está directamente influida por factores alimenticios, en cambio la segunda está gobernada principalmente por factores genéticos. El presente documento tiene por objetivo dar antecedentes sobre aquellos componentes de la leche que son modificables por acción de distintos manejos y presentar algunas cifras de incremento de ellos.

 

Constituyentes de la leche y su relativa estabilidad

La leche bovina está constituida, en promedio, por 87% de agua y 13% de sólidos lácteos, porcentajes que varían según la raza, etapa de lactancia, manejo nutricional y muchos otros factores. Dentro de los sólidos lácteos se encuentran:

Proteínas: Pueden fluctuar entre 3 y hasta 4% y comprende no sólo a fracción proteica verdadera sino también la no proteica constituida por urea y amoníaco. La proteína verdadera está constituida a su vez por cantidades variables de distintos tipos de caseína (alfa-1, alfa-2, Beta-2 y kappa) y lacto albúminas que pueden representar entre 15 a 20% de las proteínas. La fracción proteica verdadera es alta al inicio de la lactancia especialmente en la fase calostral, para ir disminuyendo hasta los 40 a 60 días, que corresponde al incremento en el volumen o “peak” de lactancia. En las fases siguientes aumenta gradualmente hasta llegar a su máximo en la tercera fase de lactancia (Figura 1). La fracción nitrogenada no proteica, principalmente la urea, varía en función de la movilización de aminoácidos del tejido muscular, en la primera fase y de la cantidad de proteína soluble y nivel de carbohidratos no estructurales en la dieta.

 

Figura 1. Variación de los componentes de la leche.

 

Lípidos: Constituye la fracción energética de la leche y al mismo tiempo es la más variable y la más fácil de modificar tanto en concentración como en composición. El 99% de los lípidos se encuentra en forma de triglicéridos y el resto como fosfolípidos, glicolípidos, colesterol, ácidos grasos libres, esteroles y vitaminas liposolubles. Los principales ácidos grasos constituyentes poseen entre 4 y 18 carbonos, siendo más abundante el mirístico (C14), palmítico (C16), oleico (C18) y linoleico (C18-2). El triglicérido más importante es el 1,2 dipalmi til-3 butiroil glicérido. Al igual que en la proteína, está en alta concentración al inicio de la lactancia, para disminuir durante el peak y luego ir aumentando su concentración a medida que avanza la lactancia. En la segunda y tercera fase de lactancia es donde es más factible variar nutricionalmente las concentraciones de grasa, ya que en la primera etapa, un alto porcentaje de ella proviene de la movilización de grasa del tejido adiposo (Figura 1).

Lactosa: Es un disacárido compuesto por una molécula de glucosa y una de galactosa. Su concentración tiende a ser relativamente independiente de la dieta y es el principal agente osmolar de la leche, facilitando el flujo desde el interior de la célula secretora a los alvéolos. Por ello, su concentración va relativamente paralela a los volúmenes emitidos y además está estrechamente correlacionada con los niveles de sodio, cloro y potasio, que también tienen un rol osmolar. A medida que aumenta la concentración, inmediatamente se produce un mayor volumen, por lo que su concentración se mantiene estable. Como su sustrato original es el ácido propiónico en rumen, al aumentar el porcentaje de concentrados, se aumenta la cantidad de lactosa y por lo tanto hay una respuesta en mayor volumen de leche (Figura 1).

Componentes inorgánicos: Constituyen el principal aporte mineral de la leche, especialmente calcio, fósforo y magnesio, los cuales se encuentran asociados a las caseínas, por lo que precipitan conjuntamente con ellas. El potasio, sodio y cloro, son fundamentales para la osmolaridad, por lo que están en estrecha relación con la lactosa. Estos elementos provienen directamente de la sangre por lo que no es posible su modificación, ya que son absorbidos por las células por gradiente de concentración.

 

Factores que afectan la composición de la leche

Existe una gran diversidad de factores que determinan la concentración de cada uno de los componentes de los sólidos totales de la leche, factores que pueden agruparse en endógenos (raza, biotipo, edad, etapa de lactancia, estado nutricional interno) y exógenos (medio ambiente en que está el animal, que involucra clima, nutrición- alimentación, manejo zootécnico, manejo sanitario, etc.)

Es importante analizar brevemente cómo actúan cada uno de ellos con el fin de comprender hasta qué punto se pueden manejar para variar la composición de la leche.

Factores endógenos

Raza y biotipo: Existen grandes diferencias entre razas y algo menores en los biotipos de cada raza, en cuanto a concentración de sólidos totales y por supuesto en cuanto a volúmenes producidos. Es así que razas como la Holstein Friesian se caracterizan por altos volúmenes de producción, pero bajos contenidos de sólidos totales, si se la compara con la Jersey. La cruza de J x H produce concentraciones intermedias y volúmenes mayores a Jersey puro, pero inferiores a Holstein (Cuadro 1).

 

Cuadro 1. Constituyentes de leche en tres razas lecheras.

 

Dentro de la raza Holstein, hay biotipos como el Holstein Neozelandés, que fue seleccionado para una mayor aptitud de pastoreo y un menor tamaño, con volúmenes de producción inferiores al Holstein Friesian, pero con mayor concentración de sólidos totales. Al tomar decisiones respecto a raza o biotipo es necesario tener en cuenta que el Holstein puede ser más eficiente en la producción de litros por animal o por hectárea, pero el Jersey o la cruza, será más eficiente en la producción de kilos de sólidos por hectárea.

Edad: La edad constituye un factor poco importante si la tasa de reposición es normal. Tiene un mayor efecto sobre el volumen de producción y a través de este sobre el contenido de sólidos totales. La lactosa desciende a razón de 0,13% entre los 2 a 4 años; 0,14% entre 4 y 6 años y 0,25% entre 6 y 8 años.

Etapa de lactancia: Es un factor que no siempre es tomado en cuenta ya que a la hora de formular raciones o establecer un manejo alimenticio, se toma en cuenta el promedio de concentración de grasa y proteína. Estos dos componentes varían como ya se dijo a través de la lactancia (Figura 1), por lo que también varían los kilos/día de producción (Cuadro 2).

 

Cuadro 2. Variación de los contenidos de grasa y proteína a través de la lactancia.

 

Se observan las menores concentraciones, pero mayores producciones tanto en grasa como proteína durante el peak, pero a medida que avanza la lactancia, esto se revierte y al final, aumentan significativamente las concentraciones de grasa y en menor grado las de proteína.

Estado sanitario: Estados febriles pueden reducir tanto el flujo como la concentración de sólidos ya que el organismo deriva energía y proteínas a producir proteínas plasmáticas y anticuerpos. En la glándula mamaria, una mastitis ya sea clínica o subclínica afecta la composición de la leche, ya que afecta la permeabilidad de la membrana celular de las células secretoras, disminuyendo el contenido de lactosa y potasio y aumentando el de sodio y cloro. Otro ejemplo se refiere a la enfermedad metabólica llamada acidosis ruminal que provocará el síndrome de “caída de grasa” y la cetosis que provoca un descenso en la proteína láctea.

Nivel hormonal: Dentro de las diferentes hormonas relacionadas, la que mayor importancia cobra es la relación Insulina/Hormona del crecimiento (Somatotrofina) relación que determina la partición de los nutrientes ingeridos, desde el hígado y sangre hacia los distintos tejidos. Al inicio esta relación es baja por lo que se privilegia la remoción de reservas hacia la glándula mamaria; posteriormente va aumentando con el avance de la lactancia, por lo que los flujos van siendo en parte derivados hacia los tejidos de depósito (Figura 2).

Factores exógenos

Factor climático: Temperaturas altas tienen un efecto indirecto, ya que afectan el consumo de materia seca, especialmente de fibra por lo que cambian los patrones fermentativos alterándose la relación C2/C3 y provocando una reducción del volumen de leche y de la concentración de grasa. Además se produce una disminución de la síntesis proteica ruminal que deriva en un menor aporte de proteína, lo que a su vez provoca una disminución de la concentración de proteína en la leche. Temperaturas bajas, especialmente bajo cero, aumentan el costo de mantención disminuyendo el aporte de energía a la glándula mamaria.

Factor manejo alimenticio: Dependiendo de la etapa de lactancia, el manejo alimenticio puede afectar significativamente tanto el volumen como la concentración de nutrientes en la leche. Durante la primera fase de lactancia y hasta el término del peak la mayor parte de los nutrientes de la leche provienen de la movilización de reservas de los tejidos de depósito (adiposo y muscular) lo cual sumado a la reducción del consumo por efectos de la gestación previa, provoca balances negativos tanto de energía como de proteínas. En esta etapa, dados los flujos de transporte de nutrientes de tipo endógeno, la respuesta a mayor cantidad de concentrados es mayor en producción de leche que en concentración de grasa o proteína que en las etapas siguientes de lactancia (Figuras 3, 4 y 5).

 

Figura 2. Balance energético de la vaca lechera durante la lactancia.

 

En cambio en los componentes de la leche, se observa una situación opuesta ya que en el caso de la concentración de grasa (gr/kg) (Figura 4A) la respuesta tiende a ser estable y sólo tiende a decrecer sobre los 10 kg/animal/día de concentrado lo cual se debe a que están predominando los flujos de nutrientes endógenos, pero también en parte está influenciado por la menor relación C2/C3 en el rumen, al bajar el pH con el incremento del porcentaje de concentrado fermentándose. En cambio en la producción de grasa (gr/día) (Figura 4B) aumenta a medida que se incrementa el consumo de concentrado entre los 2 y 10 kg/animal/día, lo cual en parte se debe al menor flujo de leche (Figura 3) y mayor concentración de grasa por menor dilución.

 

Figura 3. Relaciones entre consumo de concentrado (base MS) y producción de leche en lactancia temprana (A) y tardía (B).

 

Figura 4. Relaciones entre consumo de concentr ado (base MS), contenido de grasa (A) y producción de grasa (B), durante la lactancia.

 

En el caso de las proteínas lácteas, los cambios en producción diaria por efecto del mayor consumo de concentrado reflejan la mayor ingestión de energía metabolizable, siendo la respuesta mayor en la lactancia temprana que en la tardía, (Figuras 5A y 5B) lo cual en parte está relacionado con el mayor incremento en producción de grasa durante estas fases (Figuras 4A y 4B). Por otra parte, durante la lactancia tardía hay una derivación de porcentajes cada vez mayores a mejorar las reservas corporales, por lo que habría menos EM disponible para el proceso de síntesis proteica.

 

Figura 5. Relación entre consumo de concen trado (base MS) y producción de proteína (g/día) en lactancia temprana (A) y tardía (B).

 

Durante la fase de lactancia temprana, en que el consumo es limitado, se puede lograr un mayor impacto en la producción total de los sólidos, utilizando concentrados tanto energéticos como proteicos y dentro de estos, con un alto porcentaje de proteína sobrepasante, ya que se estaría incrementando el volumen de leche.

Durante la segunda y tercera etapa, es donde más se puede lograr modificar las concentraciones de sólidos totales, con manejo alimenticio adecuado. Es necesario tener en cuenta que el consumo se ha reestablecido a su nivel normal, las relaciones hormonales han cambiado y por lo tanto una parte de los flujos de nutrientes empiezan a derivarse hacia los tejidos de depósito. En estas fases el manejo nutricional y alimenticio cobra importancia ya que permite mantener una mejor persistencia de la lactancia y aumentar los contenidos de grasa y secundariamente proteína.

El manejo nutricional durante el período seco y de preparto tiene una gran influencia sobre el volumen y concentración de nutrientes en la primera fase de lactancia, justamente por las altas movilizaciones de reservas que se producen en esa fase. Por ello, la condición corporal que debe alcanzar la vaca en los 60 días post seca debe ser la adecuada, pero no alta, ya que provocaría cetonemia en la primera fase de lactancia y habría una baja significativa de la proteína láctea.

Manejo zootécnico: El manejo durante la ordeña y en general durante la lactancia tiene un importante efecto tanto en los volúmenes como en las concentraciones de sólidos totales. Al alterarse la rutina de ordeño o provocar stress en ese momento, determina en el animal, descargas de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) que redirigen los flujos de nutrientes, afectando tanto el volumen como concentración de nutrientes.

 

Manejos nutricionales para modifi car los constituyentes de la leche

Modificación del contenido graso: El contenido graso de la leche, puede variar hasta en tres unidades según la ración, especialmente en el período post peak de lactancia. Como gran parte de los precursores utilizados por la glándula mamaria para síntesis de los ácidos grasos se originan en el rumen, por fermentación de los alimentos, cualquier modificación a este proceso afecta directamente la concentración de grasa en la leche. Es así que una reducción en la producción de acético y butírico, unida a un incremento en la producción de propiónico provocará una caída sustantiva de la grasa. Es el caso de una dieta con relación forraje/concentrado baja. En el Cuadro 3 se observa que a medida que se va aumentando la fracción concentrado en reemplazo del forraje, la FDN total va disminuyendo, lo que es esperable, el tiempo de masticación se va reduciendo, el aporte tampón de saliva también disminuye, por menor rumia, el pH ruminal decae significativamente y la relación C2/C3 se va reduciendo.

 

Cuadro 3. Efecto de la relación forraje/concentrado sobre parámetros ruminales.

 

La relación más favorable sería 40% Forraje/60% concentrado para lograr una relación molar C2/C3 de 2.1. Sin embargo, esta relación puede variar según el tipo de forraje y concentrado utilizado y según el plano de alimentación. La relación concentrado/forraje debe ajustarse al nivel de alimentación de los animales vale decir que si se aumenta el consumo de materia seca, se requiere mayor cantidad de forraje para mantener el porcentaje de grasa en leche. Diversos autores coinciden en que cuando se mantiene una relación F/C constante, por cada Megajoule de consumo extra, la materia grasa se reduce entre 0,03 y 0,15 unidades porcentuales. En términos generales, el aporte de FDN para mantener o incrementar el porcentaje de grasa de la leche debe ser equivalente o superior a 1,2% del peso vivo y alrededor del 75% de éste debe ser de fibra larga o efectiva.

El aporte de carbohidratos no estructurales ( CNE), los cuales provienen principalmente de cereales, provoca respuestas variadas en la producción y composición de leche. Este efecto está relacionado con la tasa de degradación ruminal y con el % de almidón sobrepasante que puede tener cada uno de ellos.

Si la fracción degradable en rumen es fermentada muy rápidamente, se produce una baja fuerte del pH ruminal que inhibe la actividad de la flora celulolítica, reduciendo la fermentación de la fibra, lo cual determina una menor producción de acetato, alterándose la relación C2/C3, disminuyendo el contenido de grasa en leche. Otro efecto de un bajo pH ruminal es la biohidrogenación incompleta de las grasas insaturadas, lo cual lleva a la absorción de ácidos grasos de cadena larga en configuración trans a diferencia de los sintetizados en glándula mamaria que son Cis, por lo que tienen un efecto inhibidor directo de la síntesis de ácidos grasos en la glándula mamaria. Bajo estos antecedentes, es relativamente fácil reducir o aumentar la grasa en leche, modificando la relación F/C y variando el tipo de CNE de la ración.

Al comparar la cebada con el maíz en una relación 40/60 se observa que el maíz produce un mayor volumen de leche, con menos concentración de grasa, sin embargo el mayor volumen compensa esta menor concentración y el total de kilos es mayor con maíz. Lo mismo se observa en la proteína láctea. La lactosa no presenta diferencias en concentración. Al analizar el consumo de almidón éste es muy similar en ambos cereales, sin embargo, la cebada presenta un mayor porcentaje de almidón digerido en rumen, por lo que el maíz aporta mayor cantidad de almidón sobrepasante, que inducirá una mayor producción de lactosa (Cuadro 4).

 

Cuadro 4. Efectos de la relación F/C y del tipo de carbohidratos sobre la producción y composición de leche (Adaptado de Sutton et al ., 1980).

 

Al aumentar el aporte de concentrado y tener una relación 10/90 la cebada provoca una mayor producción de leche, sin embargo el contenido de grasa cae fuertemente, de tal forma que con maíz se produce mayor cantidad de gramos de grasa por día. Sin embargo, con la proteína ocurre algo diferente, ya que si bien hay una menor concentración, el volumen de leche compensa esta menor concentración. Al analizar el consumo de almidón, se observa que el del maíz es superior, sin embargo la cantidad de almidón degradada en rumen en cebada es muy superior al del maíz. Esto afecta los patrones fermentativos, reduciendo la actividad celulolítica y fomentando la amilolítica, por lo que se reduce la generación de acético y aumenta la de propiónico. De todas formas, la cebada produjo algo más de sólidos totales por día que el maíz.

La adición de grasa en la dieta ha dado resultados variables sobre el contenido de grasa láctea. El uso de grasa debe tener como objetivo aumentar la concentración energética de la ración cuando se ha logrado alcanzar el máximo de inclusión de concentrados farináceos en la ración. Se ha visto que el aporte de grasa extra en la ración no origina una respuesta directa en la concentración de grasa láctea, contra lo esperado por los productores. Al aumentar el consumo de grasa, la respuesta más normal es un incremento en el volumen de leche sin variar la concentración de grasa, por lo que lo que se aumenta son los kilos diarios producidos. Contenidos totales de grasa dietaria de 4 a 6% (MS) en dietas de vacas lecheras en sistemas confinados, son comunes debiendo tenerse en cuenta que dependiendo de la composición de los ácidos grasos y de la forma física de la grasa suplementada, el contenido de grasa puede reducirse (aceites libres, alta proporción de ácidos grasos insaturados) o puede aumentarse (alta proporción de ácidos grasos saturados, grasas inertes en rumen)

Es conveniente destacar una serie de elementos a considerar a la hora de adicionar grasas a las raciones:

  • El pH ruminal originado por la ración utilizada, ya que si éste es bajo, se producirá una biohidrogenación incompleta de los ácidos grasos poliinsaturados y un aumento en su absorción, lo que inhibirá la síntesis de ácidos grasos en la glándula mamaria.
  • El grado de protección de la grasa: Los ácidos grasos no esterificados tienen un efecto inhibitorio directo sobre la flora celulolítica, reduciendo la fermentación de la fibra y por lo tanto la producción de acetato.
  • La digestibilidad de la fibra de la ración: La fibra menos digestible se verá más negativamente afectada por la inclusión de grasas no inertes.
  • El consumo de energía previo: Por efectos metabólicos, la grasa tiene un efecto de reducir el consumo de materia seca y por lo tanto de energía.
  • El perfil de los ácidos grasos: El aumento de ácidos grasos a nivel de la glándula mamaria determina una inhibición de la síntesis de ácidos grasos de cadena corta.
  • Estado de lactancia y mérito genético.: Al inicio de la lactancia, el aporte extra de grasa se traducirá en un aumento del volumen de leche en las vacas con mayor potencial genético y una reducción de la movilización de las reservas corporales en las de menor potencial. En el último tercio de lactancia, las vacas con mayor potencial responderán principalmente en la producción de leche, pero las de menor potencial aumentarán la depositación de grasa.

 

Cuadro 5. Efectos del tipo de grasa utilizad o sobre la producción y composición de leche (Respuestas observadas en % sobre la ración control).

 

Las grasas de semillas oleaginosas son insaturadas y el efecto depende del tipo de ración y del nivel de aporte. Su inclusión provoca incrementos en el volumen de leche y en la grasa. Constituyen la mejor fuente de grasa cuando además la ración requiere de aporte proteíco. Respecto a los aceites, ellos ejercen un efecto negativo sobre la fermentación ruminal de la fibra, efecto que es mayor en fibras menos digestibles. El efecto derivado de la inclusión es un incremento en la producción de leche y grasa pero un descenso en la concentración de ella. Las grasas animales, por el hecho de ser saturadas tienen un efecto menos adverso sobre la fermentación ruminal que los aceites. Finalmente las grasas aportadas como jabones cálcicos o grasas hidrogenadas no afectan a la fermentación ruminal y permiten modificar el perfil graso de las grasas de la leche, aumentando los PUFAs.

Existe una serie de aditivos que permiten potenciar la actividad fermentativa ruminal y por lo tanto la generación de acetato e incrementar la concentración de grasas lácteas. Entre ellos se destacan los tampones o Buffers, como el bicarbonato de sodio o potasio y alcalinizantes como el óxido de magnesio. Estos productos actúan muy eficientemente cuando hay un alto aporte de concentrados en la dieta o inclusiones altas de ensilajes de maíz.

Modificaciones al tenor proteico

Las modificaciones logradas en el porcentaje de proteína láctea mediante cambios en la alimentación son muy inferiores a los obtenidos en la grasa y generalmente fluctúan entre 0,1 y 0,3 unidades porcentuales. Esto se debe a que el proceso de síntesis proteica está muy relacionado con el código genético e implica que si falta un aminoácido específico, el proceso se detiene. Los dos aminoácidos más limitantes son la lisina y la metionina, seguidos por la Treonina y los ramificados Valina e isoleucina (Cuadro 6). Debido a que el mayor aporte de aminoácidos proviene de la síntesis proteica microbial en rumen, los esfuerzos deben orientarse a potenciar al máximo ese proceso, y apoyarlo con fuentes proteicas sobrepasantes sólo cuando los niveles de producción lo ameriten o cuando la ración sea deficiente en ciertos aminoácidos esenciales. Esto aseguraría la llegada de la suficiente cantidad de aminoácidos a la glándula mamaria para una adecuada síntesis proteica (Cuadro 6). Por otra parte hay que tener en cuenta que el rumiante utiliza diversos aminoácidos para sintetizar glucosa, fundamental para la síntesis de lactosa. En la medida en que el rumiante tenga fuentes de glucosa ya sea a partir del propionato o de almidones sobrepasantes, no utilizará aminoácidos para este fin y los derivará a síntesis proteica (Cuadro 7).

Al analizar los efectos de diferentes factores nutricionales sobre el porcentaje y producción de proteínas lácteas, se observa que el consumo de energía es el factor más importante (Figura 6) ya que cuando se aumenta el aporte de energía en la ración por incremento en el aporte de CNE se produce un aumento de la producción de leche y del porcentaje de proteína. Esto se debe a que al aumentar el nivel de CNE, aumentan los niveles de insulina lo cual provocará una mayor captación de aminoácidos por la glándula mamaria y un incremento en la síntesis proteica.

 

Figura 6. Efecto del consumo de energía y proteína sobre la proteína láctea.

 

A nivel ruminal, un incremento en la energía disponible para la síntesis proteica microbial derivará en un mayor aporte de proteína metabolizable y sustratos glucogénicos. Las respuestas medidas han sido de 0,03 unidades porcentuales de proteína por cada MegaJoule extra de energía. Esto se debe a un aumento en energía disponible para la síntesis microbial lo que determinará un mayor aporte de proteína metabolizable y una mayor proporción de ácido propiónico, lo cual a su vez inducirá un aumento en los niveles de insulina, que determina un incremento en el contenido de proteína láctea. Por otra parte, a esto se suma el efecto ahorrante ya mencionado, por parte de los CNE, que evitarán que el rumiante utilice aminoácidos glucogénicos para obtener su glucosa.

El aporte de mayor cantidad de proteína provoca respuestas mínimas en la concentración de proteína láctea que se calcula en 0,02 unidades porcentuales en el rango de 9 a 17% de proteína en la ración. La proteína microbial es la mayor y principal fuente de aminoácidos esenciales, por lo que los esfuerzos deben orientarse a maximizar la producción de proteína microbial. La proteína no degradable pero digestible debe constituir un complemento a la microbial y debe tener un perfil de aminoácidos adecuado a los requerimientos de la glándula mamaria, especialmente en los aminoácidos limitantes.

Como una parte importante de las fuentes proteicas del rumiante provienen de las praderas y estas poseen elevadas cantidades de proteínas muy solubles y altamente degradables, el aporte de CNE de diferente tasa de degradación es fundamental para maximizar la síntesis proteica microbial y evitar los excesos de amoníaco que significarán un costo energético y uso de aminoá cidos esenciales para la conversión del amoníaco a urea. Al respecto se grafica en la Figura 7, como lograr esta sincronización entre la generación de amoníaco y la generación de energía y cadenas carbonadas para el crecimiento microbial

 

Figura 7. Curvas de degradación de diferentes tipos de carbohidratos y de la proteína soluble.

 

Se puede visualizar que en la medida que se aporten fuentes de CNE de diferente tasa de degradación, un mayor porcentaje del amoníaco total puede ser captado por las bacterias ruminales para la síntesis de sus proteínas.

El uso de proteínas y aminoácidos protegidos ha tenido respuestas exitosas y en otros casos no ha habido respuestas productivas. En gran parte de las investigaciones se ha logrado aumentar el contenido de proteína pero principalmente se ha logrado mantener la concentración proteica al aumentar el volumen de producción.

 

Cuadro 6. Efectos de la adición de lisina y metionina protegida sobre la producción y composición de leche en distintas fases de la lactancia.

 

Al suplementar a vacas en lactancia, con mezclas de dos aminoácidos esenciales y altamente requeridos por la glándula mamaria, como son Metionina y Lisina, se presentaron respuestas muy positivas en producción de leche, de proteína y en menor grado de grasa, durante la lactancia temprana; sin embargo durante la lactancia tardía el incremento fue significativamente menor , especialmente en producción de leche y en producción de grasa. El contenido de proteína en leche subió en 1,2 g/kg y la grasa sólo en 0,5 g/kg durante la lactancia temprana y en menor cantidad en la lactancia tardía. Estas respuestas en parte se atribuyen a una mayor síntesis proteica en la glándula mamaria, pero también a un incremento en el flujo de leche, ya que los principales aumentos son en producción de proteínas más que en concentración de ellas.

La infusión de proteínas de baja degradabilidad como la caseína ya sea como caseína pura, como caseinato de sodio o mezclada con glucosa o con Metionina provocó incrementos significativos tanto en producción de leche (hasta 3,9 kg) como en producción de proteínas, en que se registraron incrementos de hasta 22% en el total de producción, lo cual es explicado por una mayor síntesis proteica en glándula mamaria (Cuadro 7).

 

Cuadro 7. Cambios en la producción de leche diaria y proteína secretada en vacas suplementadas con caseína y con o sin glucosa (Clark, 1975).

 

En otro estudio realizado en el país (comuna de Casablanca) con vacas Holstein sobre 40 L/día en que se protegió el gluten de maíz y el afrecho de soya con formaldehído al 1%, se obtuvieron respuestas altamente significativas tanto en producción de leche como en producción de proteínas (Figura 8).

 

Figura 8. Inclusión de fuentes proteicas tratadas sobre la producción de leche.

 

Se observó que la inclusión de gluten de maíz y afrecho de soya tratados con formaldehído provocó una respuesta inmediata en vacas lecheras de alta producción, observándose resultados significativos a partir de la primera semana y que se hicieron más significativos después de la mitad del período de control, con una mayor producción de 511 L a la semana 11, que significó un 17% de mayor producción (Cuadro 8).

 

Cuadro 8. Efecto de la inclusión de fuentes proteicas tratadas sobre la producción de leche (kg/animal/semana)

 

Respecto a la producción de grasa, se observaron diferencias de 16,5 kg/animal/semana a las 11 semanas de ensayo, equivalente a 14,7% más de producción de grasa, entre el tratamiento con suplementos tratados respecto al testigo (Cuadro 9). El porcentaje de incremento es muy similar al aumento en producción de leche, lo que se explica principalmente por el mayor volumen de leche generado.

 

Cuadro 9. Variación de la producción de grasas (kg/animal/semana)

 

En relación al efecto sobre la producción de proteína, al cabo de las 11 semanas de ensayo, se obtuvo casi un 25% de mayor producción de proteínas al incluir estas fuentes proteicas tratadas, equivalentes a 27 kilos de mayor producción (Cuadro 10). El mayor porcentaje de 24,55% de la fracción proteica es explicado en un alto porcentaje por una mayor síntesis proteica en la glándula mamaria.

 

Cuadro 10. Variación de la producción de proteína (kg/animal/semana)

 

La inclusión de grasas suplementarias en la ración, siempre se ha asociado con una reducción del porcentaje de proteína de la leche (Cuadro 5) disminuyendo en 0,04 unidades porcentuales por cada 1% de aumento de aporte de grasa de la ración. Una de las principales causas es la sustituci ón de los CNE por grasa, que determina una menor disponibilidad de energía rápida para los microorganismos afectándose la síntesis proteica. Además hay una disminución del ácido propiónico a nivel ruminal, por lo que el rumiante deriva más aminoácidos a obtener glucosa.

A modo de resumen, se presenta en el Cuadro 11, los principales efectos por cambios nutricionales, sobre la producción y composición de leche.

 

Cuadro 11. Resumen de efectos nutricionales sobre la producción y composición de leche.

 

Conclusiones y recomendaciones

Dentro de los diversos factores que afectan la producción y composición de leche el manejo nutricional permite cambiar las concentraciones de grasa y en menor grado las de proteína.

Es así que para modificar la concentración de grasa se recomienda:

  • Mantener una relación F/C adecuada.
  • Valorar convenientemente los aportes de fibra en la ración según su origen y efectividad (forrajes y subproductos).
  • Sustituir parte de los concentrados ricos en almidones por otros ricos en fibras muy digestibles.
  • Valorar la degradabilidad del almidón.
  • Al no poder usar raciones completas, repartir el concentrado más frecuentemente.
  • Utilizar substancias tampones y/o alcalinizantes según tipo de ración.
  • Utilizar semillas de oleaginosas en cantidad adecuada, teniendo en cuenta que aportan proteína.
  • Aportar grasas inertes si los requerimientos de proteína están cubiertos.
  • No aportar grasas suplementarias antes de la 5ª semana.

Para modular la concentración de proteína se recomienda:

  • Optimizar el consumo de energía mediante una adecuada relación F/C
  • Valorar los aportes de energía fermentescible, especialmente si se usan grasas suplementarias.
  • Ajustar los aportes de proteína degradable a la energía disponible.
  • No utilizar excesiva cantidad de proteína rápidamente degradable.
  • Utilizar mezclas de cereales de diferente degradabilidad.
  • Utilizar fuentes de proteína no degradable pero digestible con perfiles de aminoácidos adecuados.
  • Utilizar proteínas protegidas.

1 octubre, 2014 7:11 PM

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