Las vacas con nombre producen más leche

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Luna, Francia, Vanesa, Martín, Serenata, Almendra, Benny, Don Tomás, Sandy y Popeye son toros y vacas que rondan predios del sur al norte colombiano, tras haber sido bautizados por sus dueños desde el momento de su nacimiento.

Si uno de los dueños o criadores de la res es llamada por su nombre, esta de inmediato reacciona. Sabe que se dirigen exclusivamente a ella.

Entonces comienza la interacción entre humanos y animales, como un proceso de domesticación, manejo de reses y estimulación de lazos que hacen parte del bienestar de los rumiantes, lo que causa efectos positivos en la producción de leche.

Así quedó demostrado en el estudio desarrollado por científicos de la Universidad de Newcastle en el que se evidenció que nombrar a las vacas contribuye con el aumento de la producción en más de 258 litros de leche al año. El beneficio, según resalta la investigación, es contar con más cantidad del producto sin necesidad de invertir dinero para este fin.

Los científicos hicieron el estudio con 516 productores de leche en Gran Bretaña. Y analizaron que las interacciones entre humanos y animales cada vez son más distantes por el manejo de hatos grandes o el desconocimiento sobre el bienestar animal. (Lea: 7 recomendaciones para nutrir mejor a vacas lecheras del altiplano)

Además reafirmaron que el contacto directo y personal con los animales da frutos en la producción, a diferencia de las ganaderías que sustituyen el contacto directo con sistemas mecanizados, los cuales aumentan los niveles de estrés del animal y los hacen más temerosos al contacto humano.

Liderman Salazar, ganadero del municipio de Puerto Asís, Putumayo, tiene sus 150 reses bautizadas. Él no escatima tiempo en idear un nombre para cada uno de sus animales con la condición de que tengan la inicial del padre.

Recordar el nombre de cada res no es fácil para Liderman que decidió ponerles en la oreja una chapeta de identificación que también guía a criadores en la finca por la que ronda Nevada, Francia, Sereneta, Vanesa, Mandarina, Ternura, Rosi, Don Tomás, Benny, Idérico, Bernadeli, Martín y Máximo.

“¡Vanesa!” dice Liderman cuando quiere que la vaca ‘para oreja’ para llevarla a ordeño.

“Es una forma de familiarizarnos con el ganado. Tenemos un mejor manejo y más interlocución porque les tenemos nombre”, afirma el ganadero que continuará la tradición de bautizar las reses porque sabe que sus animales se siente cercanos a sus criadores, aun cuando su hato es grande.

Salazar recoge 300 litros de leche diarios de las 25 vacas gyr y girolando en lactancia. La cifra satisface al productor que se encuentra en una zona donde la lluvia no ha cesado y ha inundado los pastos.

Francisco Niño, médico veterinario homeopático, experto en ganadería de leche, dice que la condición colombiana es diferente a la del Reino Unido y “no hace mayor diferencia poner nombre a los animales si el trato al ganado es pobre”. (Lea: Aumentan importaciones de lácteos en una Colombia poco competitiva)

Indica que la ganadería en el país se caracteriza por golpear a los bovinos, y se han olvidado de suministrar una alimentación adecuada, lo que se debe a la falta de capacitación en el manejo del hato.

El maltrato también se percibe, señala Niño, cuando una res padece una enfermedad y el ganadero no invierte en tratamientos de calidad o cirugías.

En cambio, cuando el ganadero enriquece su negocio con inversión en nutrición, prácticas eficientes de ordeño y calidad de pastos se observan resultados más productivos en carne y leche.

Enrique Torres, ganadero en Tunja, también ha bautizado sus 30 reses pardo suizo, jersey y holstein porque responden con facilidad a su llamado o al criador cuando desean movilizarlas o, igual que Lidermar, llevarlas a ordeño.

Canela, Almendra, Polaca, Clara, Luna, Cúrcuma son algunas de sus reses bautizadas con el nombre de la inicial de la madre.

Enrique manifiesta que no es fácil reconocer a cada res por su nombre pero es una tradición en el país que ha proliferado para tener más contacto con los animales y facilitar el ordeño.

“Uno las llama por el nombre y responden. Eso ayuda mucho para que no estén ariscas. Uno les habla y se dejan ordeñar sin problema”, dice Enrique.

Luis Evelio Aguirre, ganadero en el municipio de Villa Hermosa, Tolima, nombra sus reses ingeniando nombres, como lo hizo su familia cuando él era un niño. El pequeño productor ha bautizado sus animales normando con nombres poco usuales como La Fortuna y Popeye.

“Yo le pongo nombre a mis animalitos. Ellos entienden más las cosas cuando unos los llama por su nombre”, señala Luis Evelio. (Lea: Los 90 días vitales para la ganadería de leche)

Lucía Carvajal, asistente de la Clínica para Pequeños Animales, adscrita a la facultad de medicina veterinaria y zootecnia de la Universidad Nacional, en Bogotá, explica que en ganaderías grandes se dificulta nombrar a cada res, pero el trato individual estimula a los seres vivos y en ese instante se libera endorfina causante del disfrute y bienestar, lo que genera que un animal pueda comer con más gusto y en ese orden aprovechar mejor el alimento lo que beneficia la línea de producción, ya sea de carne o leche.

Liderman, Enrique y Luis Evelio son unos de los tantos ganaderos colombianos que han puesto nombre a sus reses con la intención de fortalecer los lazos entre humanos y animales al observar resultados favorables en la producción de leche.

Mientras tanto, Luna, Francia, Vanesa, Martín, Serenata, Almendra, Benny, Don Tomás y Popeye seguirán en los predios como animales que merecen tener contacto con los humanos durante todo el proceso de engorde.

5 septiembre, 2014 12:20 AM

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